POR JOSÉ EMILIO PACHECO , 19 MARZO, 2012 REPORTAJE ESPECIAL MÉXICO, D.F. (Proceso).- A la memoria de Ciprián Cabrera Jasso Si la Ciudad de México pudiera simbolizarse en una mujer la elegida sería Carmen Mondragón (Nahui Olin, 1893-1978). Carmen Mondragón en la casa de los espejos que multiplican sus imágenes al infinito, en los extremos del inmenso placer y el supremo dolor, en la contradicción insalvable entre la belleza sin límites y la fealdad esperpéntica, en el contraste entre lo más público y lo más misterioso, la intimidad secreta que ya nadie descifrará. Hace veinte años, a partir de su redescubrimiento por Tomás Zurián, pareció que Nahui Olin tendría la vida perdurable del mito al mismo nivel de Frida Kahlo, Antonieta Rivas Mercado o Tina Modotti. Los elementos estaban allí y sin embargo nada de esto ocurrió. Un misterio más entre los muchos que rodean a esta fascinante mujer, quizá más trágica aun que sus contemporáneas. A ellas está ligada por varios vínculos: fue la ...